La mayor parte de la gente piensa que la medicina deportiva es
de uso exclusivo de los médicos ortopédicos. Sin embargo, más del 90% de los
tratamientos de las lesiones deportivas son efectuadas por los propios atletas dañados. Y
así debe ser, siempre que sus esfuerzos se basen en una información auténtica y
orientada hacia la seguridad.
Una de las modalidades terapéuticas
que se utilizan en la prevención y tratamiento de las lesiones atléticas comunes es la
hidroterapia. Puede jugar un papel importante en la potenciación y recuperación después
de las sesiones de entrenamiento, lo que es obvio que conduce a la mejora del rendimiento.
Las formas más comunes son:
Duchas de contraste.
Se hacen inmediatamente después del entrenamiento para exponer al músculo trabajado a
golpes alternos de agua fría y caliente. Deben ser confortablemente calientes durante 2-3
minutos, seguidas por un par de minutos de agua progresivamente más fría hasta llegar al
punto en que ya resulta casi molesta. Este procedimiento se repite de 4 a 6 ciclos. Como
el agua caliente es vasodilatador y el agua fría vasoconstrictor, el efecto neto de las
duchas de contraste es la mejora notable de la circulación en las zonas afectadas. La
efectividad de las duchas de contraste se incremente en forma notoria cuando se combinan
con los estiramientos.
Baños de contraste.
Se aplican de la misma manera y con idéntico propósito que las duchas. Sin embargo, los
baños de contraste son más convenientes para usos localizados (como el tratamiento de
una extremidad en lugar de todo el cuerpo).
Hidromasaje. Mejora
la circulación y produce un efecto relajante. Puede usarse con propósitos generales o
localizados. La temperatura del agua debe estar alrededor de 39 grados. Hay que limitar el
tiempo de inmersión a un máximo de 15 minutos. Evitar este tipo si se tiene inflamada
alguna articulación.
Fuente: Jose Luis de Toro
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